Jaque a la CTERA combatiente

19 Ene, 2018

Por Jaime Rosemberg – Columna publicada en el diario La Nación.

¡Vamos a hacer la CTERA combatiente, en su medida y armoniosamente!

Así cantaban los jóvenes peronistas, que eran mayoría en aquella escuela de la calle Terrada en la que se concretó la fundación de la CTERA, allá por septiembre de 1973 y cuando el general Perón se disponía a ganar las elecciones y comenzar su tercer y último mandato como presidente.

La primera conducción de la CTERA era plural. Los había peronistas, como el tucumano Isauro Arancibia, pero también comunistas como Juan Carlos Domínguez y socialistas, como el maestro Alfredo Bravo. Con el correr de los años y los gobiernos, los herederos de Perón en el gremialismo docente-Marcos Garcetti, Mary Sánchez, Marta Maffei, Hugo Yasky- fueron adquiriendo más y más poder hasta convertirse en la referencia política del sindicato mayoritario de los maestros y profesores del país.

Opositores frontales a la dictadura -mientras otros gremios menores acordaron con ella- los líderes de la CTERA fueron a la vez agigantando un modelo en el que la acción directa -paros, marchas, carpas docentes- tuvo preeminencia por sobre otras discusiones de fondo vinculadas a las políticas educativas. Quedaron de lado las voces que, como la de Bravo, sostenían que las huelgas docentes debían ser utilizados como último recurso ante gobiernos dictatoriales o medidas abiertamente destructivas del sistema educativo.

Es como si el médico dejara sin atender a su paciente. No se puede hacer, repetía el viejo socialista que luego de ser funcionario en el Ministerio de Educación durante el alfonsinismo quedó “vetado” para regresar a su gremio.

Durante el kirchnerismo, la CTERA cambió de postura. Los paros se hicieron esporádicos y sus dirigentes adhirieron casi sin reproches a la política oficial que, bueno es decirlo, mejoró los salarios y jerarquizó cargos, aunque poco o nada hizo por mejorar la educación pública, hoy con índices alarmantes de deserción y problemas graves para el aprendizaje.

Hoy, a caballo del desprestigio que los gremialistas docentes -no sólo ellos, por cierto- han sabido conseguir en una buena porción de la clase media, el Gobierno avanza contra ellos. El ministro Alejandro Finocchiaro es la cabeza visible de sus reclamos ante el decreto que cambia el criterio para repartir los lugares reservados a los gremios en esa mesa de negociación. La CTERA dejaría de ser lo que es, o mejor dicho, estaría en pie de igualdad con gremio con menor cantidad de afiliados y de historia.

¿Avanzaría el Gobierno como lo está haciendo si no percibiera que buena parte de la sociedad aplaude la iniciativa? Cristina Kirchner, con aquella crítica de 2012 a los docentes “que tienen tres meses de vacaciones y jornadas laborales de cuatro horas”, no pasó de las palabras a los hechos para cambiar ese status-quo que consideraba injusto. Ahora, de manera algo desprolija y en el contexto de su guerra contra el sindicalismo, el gobierno de Macri empuja a los docentes de la CTERA a su postura “combatiente”, que sostiene desde hace dos años con el bonaerense Roberto Baradel como figura visible. El final de la historia está abierto y tendrá, sin dudas, muchos “combates” más.

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