Primera marcha de personas con discapacidad contra un Gobierno

16 Jun, 2017

Más de un millar de personas se concentró en el Obelisco para reclamar por la quita de pensiones. El Gobierno anunció que dará marcha atrás y reconoció como “un error” haber decidido eliminar pensiones de forma masiva.

Sasha estaba de pie sobre el pedestal del mástil mientras levantaba un cartel manuscrito que era centro de la mirada periodística. Estoica, con sus 7 años, rodeada de un mundo de gente, enseñaba el texto a quien mostrara interés. “Si me quitás mi pensión/me quitás mi traslado/me quitás mis sonidos/me quitás mis derechos/me discriminás”, se leía. Sasha es hipoacúsica y es apenas una de las personas con algún tipo de discapacidad que ayer irrumpieron en el Obelisco, se hicieron visibles, para reclamar por sus derechos que para funcionarios y cierto periodismo son meros beneficios.

El anuncio de baja de las pensiones por diferentes tipos de discapacidad por parte del gobierno fue el disparador. Pero alrededor hubo más que eso. O el reclamo no vino solo. Ayer, en el Obelisco, irrumpió la presencia, el reclamo por ser vistos y reconocidos por buena parte de la sociedad. Ayer, fue un conglomerado de dolor en sintonía con risas, de ternura como soporte de algunas dificultades visibles y muchas más que no lo son. Porque para la sociedad entrecomillas normal (quién será capaz de fijar esa línea difusa) la discapacidad es lo visible de un iceberg al que la misma sociedad ayuda a sumergir.

La plazoleta sur del Obelisco quedó atravesada por la concentración. Estaban las banderas de ATE, de la CTA, una carpa levantada por la organización No Matarás; los Judiciales de la Ciudad de Buenos Aires; institutos de formación en educación especial como el ISPEE (Instituto Superior del Profesorado en Educación Especial), o APEBI (Asociación para Espina Bífida e Hidrocefalia), o Hablemos de Autismo. Estaba Nilda, de Salta, con su bandera whipala multicolor, para extender su mano solidaria.

Pero especialmente había una multitud de carteles y cartelitos individuales, trazados a mano sobre cartulinas con birome de color. Sostenidos por sus manos, colgados de sus cuellos, por chicos, por adultos, cuadripléjicos, no videntes, con síndrome de Dawn, hipoacúsicos, mudos. Estaban en sillas de ruedas, o tomados de la mano como la línea de no videntes del Instituto Rosell, de San Isidro, que ingresaron a la multitud de la concentración guiados por delante y tomados de la mano, en una línea. “Lo que vos llamás error son derechos humanos”, decía uno de los carteles personales. “Tengo capacidad diferente, vos sos un incapaz indiferente”, sintetizaba otro.

Era la presencia pura y directa de los sujetos de la discriminación habitual. Para una sociedad donde las rampas para bajar la vereda son parte del estacionamiento, imagen de la más pura discriminación y del desinterés por el otro, la aparición de uno o dos millares de personas con dificultades físicas de algún tipo pudo resultar urticante. Especialmente si el reclamo incluyó el corte total de la 9 de Julio y Corrientes (sí, ambas) produciendo una infinita columna de vehículos en ambas avenidas a las siete de la tarde. Hora precisa para ser vistos.

Fue tal el impacto que produjeron los chicos down blandiendo sus carteles, o personas en sillas de ruedas confrontando con los paragolpes de la congestión, fue tan visible el reclamo, y tan evidente y patética la carga sobre el gobierno y su decisión de discriminación, que la propia Carolina Stanley anunció en un comunicado una marcha atrás en la quita, que no es tal marcha atrás sino un filtro para reclamos (ver aparte).

“Primero dan de baja todas las pensiones, y después dicen que fue un error y ponen un 0800 para que reclames, estos tipos son unos desgraciados”, comentaba una madre con un chiquito dawn en brazos, mientras a unos metros, una pareja jugueteaba con un cochecito doble, con mellizos, uno de los cuales también sufría el síndrome.

Macri, Stanley, pero especialmente Michetti, se llevaron la reprobación y el odio de los manifestantes. Macri es la cabeza del gobierno que decidió poner en práctica el decreto; Stanley es la representante del Ministerio encargado de la presunta acción social (invertida); Michetti, en la concentración, fue lisa y llanamente considerada una traidora, y vincularon a su pareja, Jorge Tonelli, cabeza de Farmacity, con los negociados sobre la salud. En un twitter que circuló durante la marcha se mencionaba “Michetti y Triaca, lo que es capaz de hacer la diferencia de clase”.

En un micrófono abierto que convocó la atención de parte de los concentrados, una joven, Dolores, de los Judiciales, denunció la ceguera discriminadora del gobierno, y a la sociedad, al doble estándar, a la Corte de Justicia para que dicte de oficio la inconstitucionalidad de la medida del gobierno. “La mayoría de la gente no tiene la menor idea de lo que sufrimos”, gritó Dolores y cientos la aplaudieron.

A un costado, sobre uno de los bordes de la plazoleta sur, David distribuía sus remeras para la venta sobre el piso. Todas tenían alguna alusión al momento: “Clarín miente”, decía una con la imagen de Videla. Otra decía “Nunca más” y así, cantidad de motivos que ofrecía, ofrece y ofrecerá este gobierno. David trabajaba en el Ministerio de Desarrollo, en el programa “Las calles son nuestras”. Cuando llegó Macri, tomó el nombre sin metáfora, en lo literal, y los dejó en la calle.

Más allá, Ulises, con su poquito tiempo de vida, y su síndrome de Dawn, sonreía a la cámara mientras mostraba desde su cochecito de bebé un cartel contra la quita de las pensiones. Del otro lado, los chicos del equipo de Fútbol Diferente bailaban al compás de los bombos. Por una vez, el dolor y el sufrimiento se entreveraron con las miradas públicas y salieron a la luz. Mientras, la larga fila de autos de Corrientes y de la 9 de Julio se transformaba en una serenata de bocinas por la pérdida de derechos de libre circulación y llegada al lugar que sea sin-que-el-mundo-me-moleste. No se recuerda semejante serenata de indignación por el escándalo de Su Giménez cuando se hizo pasar por discapacitada para importar con facilidades un Mercedes-Benz durante el menemato.

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